#Literatura #Feminismo nº 370 #Virginia Woolf

MG. Woolf

Aula voladora de Melocotón Grande
#Literatura #Feminismo nº 370

Virginia Woolf

Pseudónimo de Adeline Virginia Stephen. Londres, 25 de enero de 1882 – Lewes, Sussex, 28 de marzo de 1941

Decía el escritor británico Nigel Nicolson que Virginia Woolf era una «mejoradora de vidas», hasta el punto de que pasar con ella un rato era «como tomar champán».

Esa misma sensación la hemos experimentado, alguna vez, todos aquellos que nos hemos acercado a su vida y obra, excepcionales en tiempo y forma. También la argentina Irene Chikiar Bauer, quien, atraída por sus lecturas de juventud, se propuso escribir la biografía definitiva de la autora de «Orlando». Y lo consiguió: «Virginia Woolf. La vida por escrito» (Taurus) es una monumental obra (más de 900 páginas) que describe, al detalle, el devenir de la que fuera una de las escritoras más importantes del siglo XX.

El libro, estructurado en dos partes (la primera abarca su infancia y adolescencia, y la segunda su madurez, año por año, desde 1904 hasta su suicidio, en 1941) incluye, además, un curioso índice onomástico y un enriquecedor álbum de fotografías. Y todo porque, tras acercarse a la biografía de Quentin Bell (la última edición fue publicada en España por Lumen), Chikiar Bauer empieza a «sospechar» de esa «versión autorizada». «Me parece valiosa, por ser un testimonio de primera mano, pero es tendenciosa en un punto. Comienzo a leer sus escritos autobiográficos, y después sus cartas y diarios personales. Ahí surge la idea de escribir la biografía que a mí me hubiera gustado leer», explica la autora argentina a su paso por Madrid.

Una obra «polifónica», que tardó siete años en elaborar y donde la voz de la escritora británica se mezcla con las de quienes formaron parte de su vida, para bien y para mal: sus padres, Leslie y Julia; su hermana, Vanessa; su marido, Leonard; su amiga, Violet Dickinson; su amante, Vita Sackville-West; sus colegas del Círculo de Bloomsbury… «Es inacabable, porque Virginia Woolf es de esas personas que hay tan especiales en la literatura que son geniales. La vuelves a leer y te vuelves a maravillar», asegura Chikiar Bauer. De la relación con su madre, fallecida cuando Virginia cuenta sólo con trece años, la argentina destaca ese «arquetipo de lo materno, que puede ser dador, fecundo y creativo, pero también terrible». De hecho, la autora de «Las olas» habla de cómo tuvo que matar a ese «ángel de la casa» porque «se interponía entre la hoja de papel y yo».

De su padre admira lo intelectual, «pero se queja del ‘‘efecto Cambridge’’, de ese escritor que se sube arriba de una torre y va a dar la palabra exacta». De ahí surge, de hecho, «La torre inclinada», uno de los mejores ensayos de Virginia Woolf, en el que habla de cómo la escritura saldrá ganando cuando estemos ante escritores sin torres y sin clases. Un pensamiento que, en parte, compartía con su marido, Leonard Woolf, hasta establecerse entre ambos «una comunidad de intelectos», en palabras de Irene Chikiar Bauer. «No podemos decir que Leonard era un tirano doméstico, tampoco se puede decir que sin él no hubiera existido Virginia Woolf. Está la complejidad de cada etapa y cada situación que tuvo ese matrimonio». No obstante, sin mencionar la declaración de amor que encierra su nota de suicidio («No puedo seguir destrozando tu vida por más tiempo»), Virginia siempre dijo que eran «el matrimonio más feliz de Inglaterra». ¿Y qué hay de su sexualidad? La autora de la biografía sostiene que «no tenía una inclinación hacia la sexualidad fuerte, sino otro tipo de vivencias que tenían más que ver con lo sensual».

Chikiar Bauer reconoce, eso sí, que «siempre tuvo un gran gusto por estar con mujeres, las veía mucho más interesantes». Con unas (y con otros) experimentó «la felicidad de estar en la vida», pese a su enfermedad. El martirio de esos «episodios» no le impide tomar «las experiencias de su enfermedad mental para transmutarla en palabras y convertirla en literatura. No en una cuestión de relato autobiográfico, que no tiene vuelo literario, sino directamente en herramienta creativa. Está todo el tiempo con esta porosidad, esta sensibilidad», matiza la biógrafa. En este sentido, Irene Chikiar Bauer se atreve a decir que su suicidio se podría haber evitado. «Dependía mucho del cuidado de su sobrino y de la contención de su hermana, que estaba devastada tras la muerte de su hijo en la Guerra Civil. Leonard estaba ya totalmente metido en política, en el Partido Laborista. Si los demás hubieran estado más atentos, tal vez hubieran detectado que estaba entrando en una crisis muy grave», sentencia. Fue frágil y autoritaria, de una rara fortaleza en una mujer tan leve.

El bastón en el que soportó esa levedad se exhibe ahora en la National Portrait Gallery de Londres junto a otros objetos, muchísimos manuscritos y fotografías que antes nunca fueron mostradas. Es una exposición que se mira como un libro abierto en cada una de cuyas páginas se hallan imágenes que ilustran la obra de la autora de Las olas. Virginia Woolf se suicidó cuando tenía 59 años (en 1941) porque ya no soportaba su propia locura, ni quería que la soportaran otros. Vivió para escribir su obra pero sobre todo para interrogarse por el pasado, cómo había llegado ante “la pared blanca” de su silencio. “Nada ha sucedido realmente hasta que se recuerda”, decía, y a recordar dedicó sus abundantes diarios. Guardaba sus cartas, sus notas manuscritas, y ese diario que mantuvo se sigue leyendo ahora como una herida abierta.

Muchas de esas páginas, con su letra incomprensible pero pausada, están a la vista del público. Se comprometió con su tiempo (con la guerra de España, por ejemplo), fue editora, animó a otros a escribir o a pensar, pero sobre todo necesitó el ánimo de su marido, Leonard Woolf, para llevar a cabo tareas titánicas, entre ellas la de sobrevivir. Se enamoró de otras personas, dos de ellas mujeres, pero en él se sostuvo. Fue también un importante bastión del grupo de Bloomsbury, gente que se reunía para discutir cómo asociar la cultura británica a la modernidad del mundo. Con ese grupo contribuyó a rendir homenaje a Guernica en una exposición que propuso su amigo Roland Penrose que tuvo como eje el célebre cuadro de Picasso. Hay una rara fotografía en esa muestra de la National Portrait que marca el carácter de Virginia Woolf y que acaso lo explica.

En ese retrato casual está mirando a sus padres, que leen en el salón de su casa. Ella es una figura difuminada al fondo. A lo largo de la vida aquella adolescente fue madurando en crisis sucesivas la relación con ambos. Mucho tiempo después, en torno a 1936, llegó Sigmund Freud a Londres; el ilustre psiquiatra, ya demasiado enfermo como para recibir visitas profesionales (tenía cáncer de garganta), les abrió la puerta a ella y a Leonard, y se entendieron gracias a la mediación de su hija. Fue un encuentro decisivo, no le salvó la vida, ni le alivió la locura, pero sirvió de bálsamo a su recuerdo. Al salir de ese encuentro con Freud ella se entendió mejor con la memoria de sus padres y escribió frases sincopadas que hoy suenan a lo que hubiera sido el pie de aquella foto y también a arañazo contra el tiempo: “Qué bellos eran… qué singulares, cuán claros, qué despreocupados”.

Ella estaba habitada, decía, por la oscuridad y por la claridad; Freud le ayudó a aliviar esas contradicciones que la perseguían y que la llevaron a la locura y el desvalimiento. A pesar de su carácter elusivo (menos en la escritura), participó con otros en las protestas de la época, contra el fascismo que crecía en Europa. El ingreso y la muerte de un sobrino suyo en las Brigadas Internacionales que intervinieron en la Guerra Civil española la alertaron contra Franco, como a otros intelectuales ingleses. En la exposición aparece un panfleto de las Brigadas Internacionales denunciando un bombardeo franquista sobre Getafe, el 30 de octubre de 1936. Según el pasquín, que ella conservó, “esto es lo que significa Fascismo”, ese bombardeo que acabó con la vida “de 71 niños en la escuela de Getafe…”. En el libro que escribía entonces, Tres guineas, se lee: “Mientras oímos las voces parece que se escucha a un niño gritando en la noche, la negra noche que ahora cubre Europa, sin palabras, sólo con un grito, ay, ay, ay… Pero no es un nuevo grito, es un grito muy viejo”.

Hay muy buenas fotografías de Virginia Woolf, pero ella no concedió demasiados retratos. Se la vio con sus amigos y amigas de Bloomsbury, en grupo, en parejas, pero se resistía a posar. Victoria Ocampo, la poderosa editora y escritora argentina, la convenció para que se sometiera a una sesión con Gisèle Freund, que a su vez la había contactado a través de James Joyce. Este se había sentido muy bien retratado por Freund, pero a Woolf no le apetecía lo más mínimo la perspectiva de perder su paciencia ante una retratista. Al final fue la intervención de Ocampo la que la incitó a que se sentara. Ensayó con ella la naciente fotografía en color y logró que se relajara e incluso que posara con vestuarios de la época de su madre. La contribución de Leonard (que aceptó, a requerimiento de Virginia, fotografiarse con ella) convirtió aquella sesión temida en una ocasión feliz que tiene la lánguida luz de una escena familiar.

La misma Virginia reticente a las fotos posó también para Vogue. Ella era la elegancia, la tristeza viajaba por dentro y se asomaba a su cara lánguida y pálida como la luz del olvido. Algunas ocasiones felices en medio de mil desventuras, que están en los diarios y que han ingresado en la leyenda de una de las escritoras de vida más perturbada entre las heroínas literarias de todos los tiempos. Aquella guerra cuyos nubarrones describió cuando cayó la bomba sobre Getafe explotaron sobre su propio país algún tiempo más tarde; poco antes de su suicidio, su casa de Tavistock, en el centro de Bloomsbury, fue partida en dos por una bomba, cuando ya se había ensombrecido fatalmente la vida de esta mujer, envejecida antes de tiempo, soportada siempre por ese bastón real, el que se exhibe en la National Portrait Gallery, y por su marido, que luego fue quien dio a la estampa los diarios de Virginia Woolf. Esos diarios son hoy la guía de esta exposición que se parece a su vida. Con modestia característica, declara Quentin Bell que emprendió la biografía de su tía, la escritora Virginia Woolf (1882-1941), porque le disgustaba la idea de que fuera otro quien lo hiciera. Efectivamente, el resultado tiene algo de confidencia familiar: uno de los ejes de esta biografía es la estrecha relación de Virginia con su hermana y madre de Quentin, la pintora Vanessa Bell, primera de las mujeres que fueron importantes en la vida y los afectos de Virginia Woolf.

El marco familiar, retratado por Quentin Bell con una característica mezcla de discreción y falta de remilgos, proporciona al sobrino biógrafo un oportuno puesto de observación desde el que postularse como testigo directo de determinados hechos. A pesar de eso, Bell logra evitar toda tentación de convertir su libro en una especie de “Virginia Woolf vista por…” Antes al contrario, su trabajo responde a una investigación tan competente y rigurosa como la que podría haber hecho cualquiera de esos extraños cuya intromisión en los asuntos de la familia parecía temer el autor. Sólo que, inevitablemente, Bell añade a su asunto el prurito de comprensión y simpatía que cabe esperar de alguien criado en la atmósfera del conocido “grupo de Blommsbury”: aquel ramillete de escritores, artistas y pensadores reunidos, primero, en torno al hogar de los hermanos Stephen (apellido de soltera de Vanessa y Virginia) y luego alrededor de Virginia y su marido, Leonard Woolf.

Importante es también, como factor de cohesión del grupo, la benemérita Hogarth Press, editorial que los Woolf fundaron y dirigieron y en la que se publicaron la mayor parte de los libros de Virginia y otros de coetáneos tan significados como T. S. Eliot o Katherine Mansfield. Aunque Bell renuncia explícitamente a entrar en análisis y juicios literarios, su trama está tan bien urdida que se las arregla para que éstos broten directamente de las conversaciones, el intercambio epistolar y los diarios de los personajes que comparecen en su obra. A través de ellos, nos hacemos una cumplida idea de las empresas literarias de su tía, de sus logros (entre los que figuran las novelas La señora Dalloway, Las olas y Al faro) y parciales fracasos. Fracasos que, si atendemos a los datos de crítica y ventas que nos proporciona Bell, sólo existieron en el ánimo exigente de la propia escritora y en la ocasional falta de interés que algún amigo pudiera mostrar hacia tal o cual obra.

Estos logros y relativos fracasos, unidos a la excitación nerviosa inherente al trabajo literario y a las exigencias sociales que conlleva, supusieron duras pruebas para el delicado tejido emocional del que estaba hecha Virginia y alimentaron la recurrente neurosis que finalmente la llevó al suicidio. Bell da cuenta del mismo con una bella elipsis digna de un cineasta japonés, y con ella pone fin a su libro, obviando el tradicional capítulo dedicado a reacciones y reconocimientos póstumos.

Con idéntica elegancia había narrado antes el autor otras muertes: la de su propio hermano Julian Bell en la guerra de España, la del singular Lytton Strachey o la del malogrado Roger Fry. A partir de cierta edad, se dice en alguna parte, no nos queda sino ver morir a los amigos. Son muchos los que vemos morir en este libro lleno de vida. Si en algo se diferencia Bloomsbury de las llamadas “vanguardias” con las que coincidió en el tiempo, es en una probidad artesanal (en la escritura, en la edición, en la política) que denota un enorme cariño hacia la materia delicada y minuciosa de la que está hecha la vida. Fue un islote de honesta y exigente creatividad en una Europa abocada al desastre. Y bien está recordarlo en libros que tienen el sabor elegíaco de éste.

La película Las horas, basada en la novela de Michael Cunningham, ha vuelto a poner de moda a Virginia Woolf en España. Así, además de esta biografía existe en bolsillo la de Nigel Nicholson; Alianza acaba de lanzar la Biblioteca Woolf, conOrlando, Al faro, Un cuarto propio y La señora Dalloway, también reeditada por Lumen y en bolsillo en Plaza & Janés. De Al faro hay versión en Cátedra, y deLas olas, en Lumen y Tusquets. En cambio, sus Obras Completas (Plaza) son inencontrables. Virginia Woolf estaba ‘felizmente’ varada en un matrimonio sin sexo cuando Vita Sackville-West, aristócrata y escritora de éxito, la sedujo. Fue un amor escandaloso y Vita llegaría a ser la inspiración de ‘Orlando’.

Una novela de Pilar Bellver ‘completa’ el intercambio epistolar de las amantes. Fue el cuñado de Virginia Woolf, Clive Bell, quien la avisó de que una aristócrata bien conocida en todo Londres por sus sonadas aventuras homosexuales, Vita Sackville-West -escritora también, había puesto los ojos en ella y quería conocerla, para lo cual se organizó una cena de ringorrango. “Vita es una lesbiana declarada, ten cuidado”, le dijo Clive, a lo que la mordaz Virginia repuso: “Pues con lo esnob que soy, no sabré resistirme”. Pese a los displicentes comentarios iniciales de la novelista, parece que el encuentro surtió el efecto deseado por Vita: despertar el interés, primero, y el deseo luego de la gran Virginia Woolf. En algún punto intermedio hizo acto de presencia además el amor, cuyo testimonio ha quedado por escrito a través de lasmuchas cartas que se cruzaron las dos protagonistas. A partir de ese intercambio epistolar, la periodista y escritora Pilar Bellver ha creado la novela de lo que también se pudieron haber dicho, A Virginia le gustaba Vita, publicada por la editorial Dos Bigotes.

Virginia Woolf no tenía problema alguno en plantearse una relación homosexual. Se había criado en un ambiente de absoluta libertad, a su alrededor eran comunes tanto los escarceos extramatrimoniales como las relaciones entre personas del mismo sexo -a pesar de la rígida moral victoriana que parecía imperar-, y el grupo de Bloomsbury en el que reinaban ella y su hermana Vanessa venía a ser una saturnal continua donde todos se acostaban con todos. Oficialmente, era una mujer frígida, incapaz de sentir deseo sexual por su marido, Leonard, con quien por lo demás formaba un matrimonio muy bien avenido.

En cuanto a Vita, su conducta en cuestión de amor rayaba en la promiscuidad, y estaba igualmente casada. Su esposo, Harold Nicolson, era abiertamente homosexual y aceptaba de buen grado las andanzas de ella por mucho escándalo que causaran. No todo el mundo era igual de tolerante. El marido de una de sus amantes, el poeta sudafricano Roy Campbell, persiguió a Vita por medio Londres con una pistola cuando se enteró de la infidelidad de que era víctima. Como señala Pilar Bellver, había sintonía y complicidad no sólo en el seno de ambas parejas sino también entre los matrimonios mismos, que mantuvieron su amistad hasta el final. “No había celos entre los Woolf y los Nicolson, pues habían llegado, independientemente, a la misma definición de confianza”, escribe. Quizá Leonard fuera el menos contento con la situación, pero no por miedo a que Virginia se alejara de él sino a que las emociones en juego “pudieran volver a perturbarle la mente”. La escritora padecía depresiones (trastorno bipolar según el diagnóstico de hoy) desde los 13 años, cuando murió su madre, y -como es sabido- acabaría suicidándose en el río Ouse.

Vita y ella, a pesar de estar separadas por 10 años, inician una relación de alta intensidad. Se acuestan por primera vez la noche del 17 al 18 de diciembre de 1925, según sabemos por una carta de Vita a su marido y por su diario. Virginia se recata un poco en el suyo, sabedora de que Leonard tiene la costumbre de leerlo, mientras que su libérrima amante ni se molesta en poner sordina a sus aventuras. Muy pronto se convencen las amantes de que lo ideal es continuar con su statu quo como hasta entonces. Nada de pensar en cambios de vida: “El amor nos basta para querernos, no necesitamos añadirle la rutina de una convivencia que bien podría ser desastrosa”, imagina Bellver que dice Vita.

Si a la aristócrata y escritora -que por cierto goza de mucho mayor éxito en el momento que su amiga- le molesta algo de Virginia es que parece no entregarse por completo, como si su naturaleza de narradora le hiciera estar siempre, de algún modo, tomando nota de lo vivido, la autora de Una habitación propiano puede digerir bien los constantes affaires de su amante. De camino a Teherán, donde su marido es encargado de negocios de la embajada inglesa, Vita siente tal deseo de estar con Virginia que fantasea con raptarla. “Ella no estaba acostumbrada a desear sin conseguir”, tercia aquí Pilar Bellver.

A su vuelta de Persia, afloran sin embargo los primeros indicios de alejamiento entre la pareja. Virginia Woolf anota en su diario: “Iba más descuidada [Vita], pues había venido directamente con su ropa de viaje; y no tan bella como otras veces (…). Así que las dos sufrimos cierta desilusión (…). Es muy posible que esto sea más duradero que la primera rapsodia”. A pesar de todo, las amantes se las arreglan para, pasado lo más bullente del amor, construir lo que Vita define como “una amistad respetable, cierta, durable, casta y tibia”.

Algo menos intenso pero más duradero que aquellos primeros encuentros ardientes en la gran mansión de Vita, Knole, tan grande que nadie podía precisar cuántas habitaciones tenía. La inmensa hacienda de los Sackville-West, que sigue siendo una de las cinco mayores de Inglaterra -más grande que Buckingham Palace, por ejemplo-, desempeña un papel importante en la presente historia. Después de haber escritoLa señora Dalloway y Al faro, Virginia Woolf pide permiso a Vita, que se halla en plena vorágine de traiciones, para escribir sobre ella, y Vita acepta.

El resultado es otra obra superlativa, Orlando, que trata sobre un personaje que vive cinco siglos, primero como hombre y luego como mujer. Orlando comienza con una famosa escena en la que el protagonista observa desde lo alto de una colina los movimientos de personas a las puertas y dentro de una casa gigantesca, como Knole, ante la llegada de la reina y de su cortejo. Tiene que bajar a la carrera al valle, vestirse de forma adecuada, recorrer incontables corredores y tomar varios atajos para llegar a tiempo de recibir al visitante. Pilar Bellver sostiene que, más allá de las consecuencias emocionales, la relación tempestuosa de Virginia Woolf con Vita, “todo ese caldo de seducción primero y luego de amor, de deseo, de alegría y de frustración al mismo tiempo, dieron como resultado el entusiasmo y la intensidad con que Virginia escribió en esos años sus mejores novelas: La señora Dalloway, Orlando y Las olas. Las mejores con diferencia”. Irene Chikiar, en su biografía de la autora inglesa, sentenció algo que no deja lugar a dudas: “Si bien Virginia sentía que en un plano pasional o sexual no podía competir con esas otras mujeres que atraían a Vita, era evidente que ninguna de ella podía escribir Orlando”. No sabemos si ser consciente de esto habría servido de consuelo a Virginia Woolf.

 

Novelas

Fin de viaje (1915)

  • Título original: The Voyage Out, Gerald Duckworth and Company Ltd. Reino Unido, 1915.
  • Traducción de Guillermo Gossé, Caralt Editores. Barcelona, 1976

Noche y día (1919)

  • Título original: Night and Day, Gerald Duckworth and Company Ltd. Reino Unido, 20 de octubre de 1919
  • Traducción de Eduardo de Guzmán, Plaza & Janés. Barcelona, 1975
  • Traducción de Andrés Bosch, Lumen. Barcelona, 1984

El cuarto de Jacob (1922) 

  • Título original: Jacob’s Room, Hogarth Press. Reino Unido, 26 de octubre de 1922
  • Traducción de Andrés Bosch, Lumen. Barcelona, 1980

La señora Dalloway (1925) 

  • Título original: Mrs. Dalloway, Oxford University Press. Londres, 1925. Hogarth Press. Reino Unido, 14 de mayo de 1928.
  • Traducción de Aymá, 1970.
  • Traducción de Plaza & Janés. Barcelona, 1998.
  • Traducción de Andrés Bosch, Lumen. Barcelona, 1980.
  • Traducción de Círculo de lectores. Barcelona, 1989.
  • Traducción de Cátedra. Madrid, 1993
  • Traducción de José Luis López Muñoz, Alianza Editorial. Madrid, 1994
  • Traducción de Andrés Bosch, Bibliotex, 1999
  • Al faro (To the Lighthouse, 1927)
  • Orlando (1928)
  • Las olas (The Waves, 1931)
  • Los años (The Years, 1937)
  • Entre actos (Between the Acts, 1941)

Colecciones de cuentos

  • Kew Gardens (1919)
  • Monday or Tuesday (1921)
  • The New Dress (1924)
  • A Haunted House and Other Short Stories (1944) La casa encantada se publicó en 1983 por Editorial Lumen, ISBN 978-84-264-1135-8
  • Mrs. Dalloway’s Party (1973) Editorial Lumen publicó La señora Dalloway recibe en 1983, ISBN 978-84-264-2934-6
  • The Complete Shorter Fiction (1985) En ella se publicó por primera vez el relato Phyllis and Rosamond («Phyllis y Rosamond»), que se incluye, precedido de nota biográfica, en la pág. 481 ss de la antología Cuando se abrió la puerta. Cuentos de la Nueva Mujer (1882-1914), Alba Editorial, Clasica maior, 2008,
  • Alianza Editorial ha publicado los Relatos completos en 1994, traducidos por Catalina Martínez Muñoz y edición de Susan Dick.
  • La niñera Lugton, cuento infantil, se publicó por Editorial Debate en 1992, ISBN 978-84-7444-578-7. También conocido como «La cortina de la niñera Lugton».
  • Una rosa sin espinas, Editorial Planeta, 1999, 
  • La viuda y el loro, en tono humorístico, Editorial Debate, 1989,y Gadir Editorial, 2009.
  • La sociedad se ha publicado junto con La inocentada del acorazado, obra de su hermano Adrian Stephen, por Valdemar en 1999, ISBN 978-84-7702-293-0

Biografías

Virginia Woolf publicó tres libros a los que ella subtituló “Una biografía”:

  • Orlando: A Biography (1928, normalmente se la considera una novela, inspirada por la vida de Vita Sackville-West)
  • Flush: A Biography (Flush, 1933). Es una obra aún más explícita de transgénero: un cuento de ficción como “corriente de conciencia” obra de Flush, un perro; no ficción en el sentido de narrar la historia de la propietaria del perro, Elizabeth Barrett Browning). Editado en España por: Ediciones Destino en 1956 ISBN 978-84-233-0393-9, en 1988 ISBN 978-84-233-1647-2, en 1991 ISBN 978-84-233-2031-8, en 1991 ISBN 978-84-233-1006-7, en 2003 ISBN 978-84-233-3509-1; Salvat Editores, en 1971 ISBN 978-84-345-7289-8, en 1983 ISBN 978-84-345-8053-4 y en 1986 ISBN 978-84-345-8310-8 y Jorge A. Mestas en 2008 ISBN 978-84-95311-98-6
    Además, el final de Flush aparece en la selección de relatos breves Las mejores historias sobre perros, Ediciones Siruela, 2005, ISBN 978-84-7844-889-0, junto con otros de Chesterton, Jack London, Hugh Walpole o Rudyard Kipling.
  • Roger Fry: A Biography (Roger Fry: una biografía, 1940). Normalmente se la considera no ficción; no obstante, se advierte que “La habilidad novelística [de Woolf] jugó en contra de su talento como biógrafa, porque sus observaciones impresionistas encajaban mal con la necesidad simultánea de reunir una multitud de hechos.”29 ) Ha sido editada por Edhasa en 1984 con el título de Roger Fry, ISBN 978-84-350-0446-6

Libros de no ficción

  • Modern Fiction (1919)
  • The Common Reader (El lector común, 1925. Traducido por Editorial Lumen en 2009, ISBN 978-84-264-1699-5
  • A Room of One’s Own (Una habitación propia, 1929). Publicada en España por Seix Barral en 1986 ISBN 84-322-3038-3, en 1997 ISBN 978-84-322-3038-7, en 1997 ISBN 978-84-322-1521-6, en 2008 ISBN 978-84-322-1789-0 y en 2009 ISBN 978-84-322-1964-1, y por Círculo de Lectores en 2004 ISBN 978-84-672-0617-3. Publicada también con el título de Un cuarto propio en 1991 por Ediciones Júcar, ISBN 978-84-334-2817-2; en 2003 por la Editorial Horas y Horas, ISBN 978-84-96004-02-3; en 2007 por Alianza Editorial, ISBN 978-84-206-5526-0; y en 2013 por Lumen, ISBN 978-84-264-2165-4.
  • On Being Ill (1930)
  • The London Scene (1931). Londres ha sido publicada por Editorial Lumen en 2005 y por Viena Ediciones en 2008 ISBN 978-84-8330-476-1; Escenas de Londres fue publicada por Editorial Lumen en 1986 ISBN 978-84-264-2973-5
  • The Common Reader: Second Series (1932)
  • Three Guineas (Tres guineas, 1938). Publicado por Editorial Lumen en 1980 ISBN 978-84-264-4006-8, 1983 ISBN 978-84-264-1133-4 y 1999 ISBN 978-84-264-4954-2
  • The Death of the Moth and Other Essays (1942). Traducido al castellano en 2009 por Luïsa Moreno Llort para la editorial Capitán Swing Libros como La muerte de la polilla y otros escritos (índice aquí).
  • The Moment and Other Essays (1947)
  • The Captain’s Death Bed And Other Essays (1950)
  • Granite and Rainbow (1958)
  • Books and Portraits (1978)
  • Women And Writing (Las mujeres y la literatura, 1979). Publicado en España en 1981 por Editorial Lumen ISBN 978-84-264-4013-6
  • Collected Essays (cuatro volúmenes)
  • Paseos por Londres, La Línea del Horizonte Ediciones, 2015, ISBN 978-84-15-95828-4.

Una selección de ensayos de crítica literaria pueden leerse en tres antologías en castellano publicadas en España:

La torre inclinada y otros ensayos, Editorial Lumen, 1980, ISBN 978-84-264-1129-7
Horas en una biblioteca, El Aleph Editores, 2008, ISBN 978-84-7669-718-4. Recopilación de ensayos realizados a lo largo de toda su carrera como escritora.
Leer o no leer y otros escritos, Abada Editores, 2013, ISBN 978-84-15-28972-2.
Atardecer en Sussex y otros escritos, Abada Editores, 2014, ISBN 978-84-16-16000-6.
Teatro[editar] Freshwater: A Comedy (interpretado en 1923, revisado en 1935, y publicado en 1976). Freshwater fue publicado en España por Editorial Lumen en 1980, ISBN 978-84-264-2957-5
Escritura autobiográfica y diarios[editar] A Writer’s Diary (Diario de una escritora, 1953) – Extractos de su diario, publicados en España por Editorial Lumen, 1982, ISBN 978-84-264-1145-7 y Talleres de Escritura Creativa Fuentetaja, 2003, ISBN 978-84-95079-64-0
Moments of Being (Momentos de vida, 1976) – textos autobiográficos de Virginia Woolf. En España los ha traducido la Editorial Lumen en 1982 ISBN 978-84-264-1136-5 y en 2008 ISBN 978-84-264-1653-7
A Moment’s Liberty: the shorter diary (1990)
The Diary of Virginia Woolf (cinco volúmenes) – Diario de Virginia Woolf desde 1915 hasta 1941. En España se han publicado: Diario íntimo I (1915-1923) (Mondadori, 1993, ISBN 978-84-397-1874-1), Diario íntimo II (1924-1931) (Mondadori, 1993, ISBN 978-84-397-1885-7) y Diario íntimo III (1932-1941) (Grijalbo, 1994, ISBN 978-84-253-2649-3); Ediciones Libertarias-Prodhufi, S.A. ha publicado Los diarios de Virginia Woolf : 1912-1921. (T.1) en 1993, ISBN 978-84-7683-250-9; Los diarios de Virginia Woolf en 1994, ISBN 978-84-7683-251-6; y Ediciones Siruela ha publicado Diarios 1925-1930 en 1993 978-84-7844-125-9 y en 2003 ISBN 978-84-7844-698-8
Passionate Apprentice: The Early Journals, 1897-1909 (1990)
Travels With Virginia Woolf (1993) – Diario de viaje griego de Virginia Woolf, editado por Jan Morris
The Platform of Time: Memoirs of Family and Friends, edición ampliada, editada por S. P. Rosenbaum (Londres, Hesperus, 2008)
Una selección de sus artículos sobre viajes se encuentran en:

Viajes y viajeros, Plaza & Janés Editores, 2001, ISBN 978-84-01-37743-3
Viajeras románticas en Andalucía: una antología, Fundación Centro de Estudios Andaluces, 2008, ISBN 978-84-612-3423-3
Cartas[editar] Congenial Spirits: The Selected Letters (1993)
The Letters of Virginia Woolf 1888-1941 (seis volúmenes, 1975-1980)
Paper Darts: The Illustrated Letters of Virginia Woolf (1991)
Una selección de sus Cartas a mujeres se ha publicado en 1993 por Editorial Lumen, ISBN 978-84-264-1207-2

MG. Virgina Woolf 2