Sieranevada, de Cristi Puiu (Francia, 2016)

MG. Sieranevada

Aula voladora de Melocotón Grande. Cine nº367
Sieranevada, de Cristi Puiu, Francia, 2016 © Cristi Puiu

Once años después de La muerte del señor Lazarescu (2005), primer síntoma fuerte de la emergencia de un joven cine rumano, el nuevo film de Cristi Puiu es un tour de force tan impresionante por su virtuosismo como emocionante y perturbador. Con un sentido del movimiento y del encuadre impresionante, y gracias a unos actores excepcionales, Puiu compone el retrato de una sociedad al borde de la crisis de nervios, atormentada por la mentira e incapaz de forjarse nuevos valores. Tras la placentera inauguración servida por Woody Allen, con ‘Café Society’, Cannes ha inaugurado su Competencia Oficial –la carrera por la Palma de Oro– con uno de los títulos más esperados por el sector cinéfilo de la crítica. Se trata del nuevo film del director rumano Cristi Puiu, titulado misteriosamente ‘Sieranevada’. Puiu había presentado sus anteriores dos películas –la magistral ‘La muerte del señor Lazarescu’ y la notable ‘Aurora’– en la sección Un Certain Regard y ahora ha accedido a la primera división de Cannes con la intimista y su vez monumental crónica de una tragicómica reunión familiar. El absurdo campa a sus anchas en los infructuosos intentos del clan por sentarse juntos a la mesa, como si una fuerza esotérica –en plan ‘El ángel exterminado’r– alimentase la disfuncionalidad de esta tribu pequeñoburguesa. Así, durante casi tres horas de metraje (y solo algo más de tiempo narrativo) nos adentramos en un microcosmos familiar que, poco a poco, se irá revelando como una verdadera cosmogonía. Este crítico no recuerda otra película reciente que, desde las aguas del cine narrativo, haya conseguido abarcar con tanta claridad y tan poca afectación tantas áreas de la vida y el pensamiento (quizás ‘Historias extraordinarias’ de Mariano Llinás, o sino ‘El árbol de la vida’): la violencia de las interacciones sociales, la complejidad de las relaciones familiares, la omnipresencia de la memoria personal e histórica, la batalla entre el cuestionamiento de la realidad y la fuerza de los dogmas. ‘Sieranevada’ tiene cuerpo y alma de obra total. Cada nuevo plano secuencia –casi siempre dentro del hogar familiar y siempre filmado desde una posición fija (el punto de vista lo es todo)– ayuda a que el espectador vaya conociendo nuevos matices de la convulsa realidad de una familia tan extraña como cualquier otra. Aunque lo fascinante es el modo en que Puiu convierte el conjunto en una caja de resonancia conceptual: en una escena, unos primos discuten sobre la credibilidad de las teorías conspiratorias sobre el 11S neoyorquino; en otra, un cura se queja del empeño que ponen los ateos en cuestionar los dogmas religiosos; en uno de los mejores pasajes, el protagonista le cuenta a su mujer una delirante historia de su infancia en la que su padre se creyó una inverosímil excusa inventada por su hermano. Creer o no creer, cuestionar o no cuestionar, vivir “felizmente” en la mentira (de las infidelidades, de la utopía comunista) o exigir la verdad, afrontando los miedos y aceptando la incertidumbre de lo real. Y este es solo uno de los tentáculos del artefacto ideológico y filosófico que contiene ‘Sieranevada’. En manos de Puiu, el costumbrismo es otra cosa. Retrato ultradetallista de la sociedad rumana, ‘Sieranevada’ navega por múltiples senderos expresivos: (des)organiza el absurdo cotidiano con el ingenio de Berlanga, radiografía hostilidades con la precisión de Haneke, juega con las puertas que se abren y cierran con el brío de Lubitsch y es capaz de desvelar secretos de un matrimonio con la inteligencia y emotividad de Bergman. Y todo ello echando mano de la inagotable cantera de maestros de la interpretación de la que se nutre el cine rumano. Resulta escalofriante imaginar el tiempo y esfuerzo que debe haber invertido Puiu en la escritura, preproducción y puesta en escena de esta compleja sinfonía de rituales y aflicciones. El próximo domingo 22 sabremos si este logro mayúsculo es recompensado con una Palma de Oro que sería inobjetable.