#Literatura nº 523 #En la belleza ajena, de Adam Zagajewski

MG. En la belleza ajena

Aula voladora de Melocotón Grande
#Literatura nº 523

En la belleza ajena, de Adam Zagajewski

Título original: W cudzym pieknie. Wydawnictwo. Polonia, 1998. Edición española: Pre-Textos. 2003. Traducción de Ángel Díaz-Pintado Hilario. 252 pp. Rústica. 23 x 14 cm

Libro de memorias y diario, En la belleza ajena puede considerarse, hoy por hoy, la obra maestra del gran escritor polaco contemporáneo Adam Zagajewski.

Escrito en una prosa espléndida –prosa de un gran prosista y poeta–, éste es uno de esos libros capaces de cautivar al lector desde las primeras páginas. Defensa de la poesía y meditación sobre la historia; estampas de ciudades vividas y semblanzas de personas célebres y anónimas; pequeños ensayos sobre grandes temas y colección de aforismos, que pueden espigarse aquí y allá en el transcurso de la lectura; álbum lírico en que el autor reproduce y comenta algunas composiciones de poetas predilectos; notas al margen de libros leídos en concentrada lectura; impresiones suscitadas por la escucha fervorosa de obras musicales o la contemplación asombrada de cuadros de los grandes maestros: todo esto –y mucho más– es En la belleza ajena.

El escritor polaco Adam Zagajewski nació en Lvov (en la actual Ucrania) en 1945. Pasó su infancia en Gliwice, en Silesia, donde sus padres fueron repatriados poco después del nacimiento del escritor. Estudió psicología y filosofía en la Universidad de Cracovia. Debutó en 1967 en la revista Vida Literaria. Miembro del grupo poético Ahora (1968-1975), es uno de los poetas más destacados de la llamada Generación del 68 o de la Nueva Ola, junto con Julian Kornhauser, Ewa Lipska, Ryszard Krynicki y Stanislaw Baranczak, entre otros. Zagajewski emigró de Polonia en 1982 y se estableció en París. Desde 1989 es profesor visitante asociado de la Universidad de Houston, donde participa en el Creative Writing Program. En 2002 volvió a su patria y actualmente reside en Cracovia. Entre los muchos premios literarios que ha recibido figuran el Prix de la Liberté del Pen Club de Francia (1987), el Premio de Literatura de la Fundación Konrad Adenauer de Weimar (2002) y el Premio Horst Bienek de la Academia de Bellas Artes de Baviera (2003). Su nombre ha empezado a sonar entre los posibles candidatos al Premio Nobel de Literatura.
Poeta, novelista, ensayista y traductor, Adam Zagajewski es uno de los autores más interesantes de la literatura polaca contemporánea. Obra poética: Comunicado (1972),Carnicerías (1975), Carta. Oda a la mayoría (1982), Ir a Lvov (1985), Lienzo (1990),Tierra de fuego (1994), Sed (1999). Narrativa: Calor, frío (1975), Oído absoluto(1982). Ensayo: El mundo no representado (1974), en colaboración con Julian Kornhauser; Solidaridad y soledad (1986), Dos ciudades (1991), Defensa del fervor(2002). En su faceta de traductor, ha vertido al polaco obras de Raymond Aron y Mircea Eliade.

El poeta, novelista y ensayista polaco ha sido galardonado este miércoles con el Premio Princesa de Asturias de las Letras. Consigue así los 50.000 euros y la escultura de Joan Miró con que está dotado el premio, que recogerá el próximo otoño. “Es un gran honor recibir este magnífico premio procedente del reino de España, que es también el reino de Cervantes y de otros grandes poetas y escritores.Un poeta trabaja en soledad, pero de repente aparece una noticia inesperada. ¡Gracias!”, ha manifestado en un comunicado el poeta.

El jurado presidido por Darío Villanueva, director de la Real Academia Española, ha destacado que “la poesía de Zagajewski -así como sus reflexiones sobre la creación y su intenso trabajo memorialístico- confirma el sentido ético de la literatura y hace que la tradición occidental se sienta una y diversa en su acento nativo polaco, a la vez que refleja los quebrantos del exilio. El cuidado por la imagen lírica, la vivencia íntima del tiempo y el convencimiento de que tras una obra artística alienta el fulgor, inspiran una de las experiencias poéticas más emocionantes de la Europa heredera de Rilke, Milosz y Antonio Machado”.

La vida de Adam Zagajewski (1945, Lwów, actual Ucrania) está pegada al polvo de los caminos. Siendo todavía un niño, su familia huyó de Lwów, en Ucrania, y luego de Silesia, en Polonia, ciudades que en su mente tomaron la forma del paraíso perdido. “Mi vida comienza prácticamente con la pérdida de otra ciudad, Lwów, en donde nací”, explicaba el escritor en una entrevista en El Cultural: “Aquella experiencia hizo que durante muchos años creyera que las ciudades estaban para perderlas. Después estudié en Cracovia y, esta sí, sustituyó al paraíso perdido de Lwów. De hecho, son ciudades que se parecen, ciudades muy agradables, tranquilas, apacibles. Cracovia, pues, curó mi herida tras aquella primera pérdida”.

El padre de Zagajewski nació en 1912 en Leópolis y su biografía encarna los vaivenes políticos de Polonia. Fue súbdito del imperio de los Habsburgo, después ciudadano de la república renacida de Polonia, durante la Segunda Guerra Mundial sirvió a Stalin y después a Hitler y, finalmente, ciudadano de la Polonia comunista. El propio Zagajewski nació en los últimos momentos de la guerra y creció en Cracovia bajo el régimen prosoviético. Se graduó en Filosofía y Psicología por la Universidad Jagiellonica y es uno de los más afamados escritores polacos adscrito a la llamada Generación del 68 o de la Nueva Ola, formada por autores decididos a comprometerse políticamente en sus obras, como Kornhauser, Kipska, Krynicki o Baranczak. Él creó dos de los principales lemas de este grupo: Powiedz prawde (Di la verdad) y Mow wprost (Habla claro).En los años 80 se exilió en París, pero siempre ha reconocido que lo hizo por amor y no por motivos políticos. También residió en Berlín y en Estados Unidos, donde fue y es profesor de la Universidad de Chicago. En 2002 volvió a Polonia y hoy reside de nuevo en Cracovia.

Zagajewski en su juventud conoció en aquella ciudad un ambiente cultural que sobrevivía “como una isla” en medio del totalitarismo. Frecuentó a personajes como el escritor Stanislaw Lem y el filósofo Roman Ingarden y creó varias revistas. Frente a los poetas polacos que se abrían a lo novedoso o seguían el camino de la síntesis, Zagajewski se tapó los oídos frente a las modas literarias y dejó fluir sus voz sin miedo, sabiendo en todo momento donde estaba el manantial de la misma.

Claridad e intensidad, libertad expresiva y temática y tensión lírica, emoción desbordada y fina ironía, son algunas de las constantes que brillan en los poemas del autor polaco. En ellos sorprende la fresca utilización de la cultura, nacida de los viajes o de las lecturas, pero sobre todo de una contemplación fértil a la que no son ajenos los símbolos (los árboles, las ciudades de la memoria, el humo, los distintos paisajes revelados por las estaciones del año). Hay siempre en este autor un vigor expresivo y un aliento lírico que proporcionan a sus poemas una dimensión inusitadamente original y verdadera.

Para su creación buscaba distintos géneros literarios y algunas de sus traducciones (Raymond Aron, Eliade) dejan entrever intereses abiertos, la fidelidad al compromiso social y a valores internos, reconocidos ambos con notables galardones, sobre todo en Francia y en Alemania. “La única salida que tiene el poeta es la defensa de la dignidad humana”, explicaba Zagajewski en El Cultural. “Puede haber distintos tipos de poetas que se diferencien por cuestiones como el estilo o la expresión, pero esencialmente todos tenemos que defender lo mismo: que no se haga daño al ser humano y que salgan sus cuerpos y espíritus indemnes”. Adam Zagajewski siempre ejerció la disidencia contra el comunismo, manteniendo una elevada exigencia estética.

En la década de los setenta se unió al grupo de disidentes de Cracovia, “Teraz” (Ahora). En 1972 publicó su primer poemario, Komunikat, al que siguió la novelaCieplo zimno (Caliente y frío). Difundía además sus ideas en la revista clandestina Zapis, uno de los principales medios de la oposición democrática polaca. Publicó después Sklepy miesne (Carnicerías) y después se exilió en París, en 1982, y publicó la novela Cienka kreska (Trazo) y el poemario List. Oda do wielosci (Letra. Oda a la pluralidad). En su siguiente ensayo, Solidarnosc i samotnosc, 1986 (Solidaridad y soledad, 2010), Zagajewski exponía sus tesis sobre el compromiso político de los escritores.

Con el poemario Plótno (1990) evolucionó hacia la contemplación poética,lejos de la combatividad de sus primeras obras. Él mismo afirmó sobre este cambio que “la poesía está en otra parte, más allá de las inmediatas luchas partidistas, e incluso más allá de la rebelión -aun la más justificada- contra la tiranía”. Se ha dicho de él que su decidida posición por la libertad y la búsqueda de la belleza tiene un fiel testimonio en su obra, de gran hondura humana y fina sensibilidad estética.

Algunas obras suyas posteriores son el ensayo Dwa miasta, 1991 (Dos ciudades, 2006), los poemarios Ziemia ognista (Tierra de fuego, 2004), Trzej aniolowie, 1998 (Tres ángeles), Pragnienie, 1999 (Deseo, 2005), Anteny, 2005 (Antenas,2007), Niewidzialna reka, 2009 (Mano invisible, 2012), calificado como “una maravilla”, el libro de memorias W cudzym pieknie, 1998 (En la belleza ajena, 2003) y la recopilación de ensayos Obrona zarliwosci, 2002 (En defensa del fervor, 2005). La última obra publicada en España es Releer a Rilke (2017).

A lo largo de su trayectoria ha sido galardonado con el Premio literario de la Fundación Koscielski (1975), el Premio Tucholsky (1985), el Premio de la libertad del PEN Club francés (1987), el Premio Internacional de literatura Neustadt 2004 y el Lifetime Recognition Award del jurado del Premio Griffin Poetry en 2016. En 1999 fue elegido miembro de la Academia de Artes de Berlín y en 2012 recibió el título de doctor honoris causa por la Universidad Jagellonne de Cracovia. Ha recibido, asimismo, la Medalla de bronce de la Cruz Polaca del Mérito y la Cruz de Oficial de la Orden Polonia Restituta.

El Jurado del Premio Princesa de Asturias de las Letras 2017 ha estado integrado por Félix de Azúa Comella, Xosé Ballesteros Rey, Xuan Bello Fernández, Blanca Berasátegui Garaizábal, Juan Cruz Ruiz, Luis Alberto de Cuenca y Prado, Álex Grijelmo García, Manuel Llorente Manchado, Carmen Millán Grajales, Ángeles Mora Fragoso, Carme Riera i Guilera, Ana Santos Aramburo, Sergio Vila-Sanjuán Robert, Juan Villoro Ruiz y presidido por Darío Villanueva Prieto.