#Fotolibro #Periodismo nº 454 #Robert Capa

MG. Robert Capa

Aula voladora de Melocotón Grande
#Fotolibro #Periodismo nº 454

Robert Capa

Pseudónimo de André Ernö Friedmann. Budapest, 22 de octubre de 1913 – Thai Binh, Vietnam, 25 de mayo de 1954

“Si tus fotografías no son lo suficientemente buenas, es que no te has acercado lo suficiente.” Robert Capa

Robert Capa es reconocido muy tempranamente en su carrera como el mejor fotógrafo de guerra del mundo, tal como pone de manifiesto el artículo de la revista Picture Post (num. 10, 3 diciembre 1938) con motivo de la publicación de uno de los más sobresalientes reportajes fotográficos sobre la Guerra Civil española. Su activismo político en su juventud deviene compromiso al comprobar el enrarecimiento de las políticas culturales, sociales y económicas tanto en su país, como en Alemania, país donde se instala en 1931 y del que se marcha dos años después. Su condición de judío y su afinidad ideológica con el Partido Comunista y con las tendencias anarquistas, le impulsan a convertirse en un exiliado voluntario y a poner su incipiente oficio de reportero al servicio de la lucha antifascista.

Durante el tiempo que duró la Guerra Civil -que cubrió desde el bando republicano- Capa convierte la contienda en el motivo absoluto y siempre visible de un ingente número de negativos y fotografías. Esta exposición muestra un amplio conjunto de las 205 copias fotográficas donadas por Cornell Capa, hermano del fotógrafo, de las a su vez casi mil mejores instantáneas que éste toma durante la guerra española. Además, una veintena de fotografías procedentes del Archivo Histórico Nacional, Sección Guerra Civil, completan el despliegue de imágenes que documentan la escenificación y extensión de las consecuencias más inmediatas de la guerra (destrucción, muerte, ataque terrestre y aéreo, tiempo de descanso, trincheras y refugios, evacuación, exilio)

Las fotografías de Capa marcan el inicio de una nueva consideración del género del reportaje bélico; puesto que captan la guerra en primer plano y confieren en muchos de los casos una noción de dinamismo, inusual hasta la fecha. Además, la movilidad del reportero (valiéndose de una Leica 35 mm) constituye la máxima conquista técnica que le permite ofrecer una imagen más completa de la guerra, ya que se pueden situar en todas las líneas de fuego, como ilustra la célebre Muerte de un miliciano. Cerro Muriano, Córdoba, 5 septiembre 1936. En segundo lugar, porque no limita el interés documental al espectáculo bélico, sino que amplia su objetivo hasta el límite de los hombres y los objetos: el tedio, el cansancio, la ilusión, la voluntad, la hambruna y la desesperación. Así, Capa retrata el lado civil de la guerra (serie de Almería. Refugiados procedentes de Málaga, febrero 1937). Fundando un nuevo estilo y una nueva manera de entender el trabajo del reportero, Capa afirma en una entrevista realizada en septiembre de 1937 que “la verdad es la mejor imagen, la mejor propaganda”. El fotógrafo, además de colocarse ante los objetos dados, consigue concentrar el drama de la guerra en cada una de sus fotos, las cuales funcionan como resorte que activa una lectura sustentada en sus implicaciones simbólicas.

Durante años, no fue más que una leyenda: el material que Robert Capa había abandonado en su estudio de París cuando huyó de Europa ante el avance de las tropas nazis se había salvado en una maleta. Hace tres años, la maleta -en realidad, tres antiguas cajas de películas- llegó al International Center of Photography de Nueva York. Ahora, una exposición en el museo neoyorquino muestra el contenido de la mítica maleta, 4.500 negativos en los que Capa, su pareja Gerda Taro y su amigo David Seymour ‘Chim’ documentaban la Guerra Civil española

Aunque la exposición también muestra alguna foto tomada en París, casi todo el material exhibido de los tres fotógrafos -defensores de la causa republicana- son imágenes de la Guerra Civil, tomadas entre mayo de 1936 y la primavera de 1939, entre ellos retratos inéditos de La Pasionaria, Hemingway y Federico García Lorca. En otros casos, la exposición permite contextualizar imágenes ya míticas, viendo la secuencia entera en que se tomaron.

La maleta contenía importantes trabajos de los tres fotógrafos, de los primeros reporteros en meterse en el conflicto con pequeñas cámaras de mano. De Capa, podrán verse imágenes de la batalla de Teruel o del Río Segre, así como el éxodo masivo de republicanos desde Tarragona a Barcelona y, desde ahí, a la frontera gala. También se encontraron varios rollos de los campos de internamiento de refugiados españoles en Argelès-sur-Mer y Barcarès (Francia), tomadas en marzo de 1939.

De su amigo ‘Chim’ -uno de los fundadores de la agencia Magnum- se muestra, además de su retrato de La Pasionaria, su cobertura de la guerra en el País Vasco y en la Batalla de Oviedo. Asimismo, de Taro aparecen imágenes del frente de Segovia, Navacerrada, Valencia y, finalmente, de la batalla de Brunete. Allí, Taromurió aplastada por un tanque en julio de 1937.

“Esto es realmente el santo grial del trabajo de Capa”, declaró a The New York Times Brian Wallis, comisario del centro, cuando la maleta llegó a Nueva York. Han pasado tres años desde entonces. Durante este tiempo, el estudio de los negativos -que sorprendentemente no tuvieron que ser restaurados- ha permitido confirmar o reatribuir la autoría de algunas imágenes de estos tres fotógrafos.

La búsqueda de la maleta fue un empeño personal del hermano de Robert, Cornell Capa, a la postre fundador del International Center of Photography.

“En 1940, ante el avance del ejército alemán, mi hermano le dio a un amigo suyo una maleta llena de documentos y negativos. De camino a Marsella, el amigo confió la maleta a un veterano de la Guerra Civil española, para que la escondiese en el sótano de un consulado latinoamericano. Aquí termina la historia. Todos los intentos de encontrar la maleta han sido en vano. Naturalmente, puede producirse un milagro. Si alguien tiene información sobre la maleta, que se ponga en contacto conmigo, y tendrá de antemano mi infinita gratitud”, escribió en 1979, con motivo de una exposición sobre su hermano en la Bienal de Venecia.

El amigo al cargo de los negativos era Imre ‘Csiki’ Weiss, fotógrafo y responsable del laboratorio de Robert. “En 1939, cuando los alemanes se acercaban a París, puse todos los negativos de Bob en una mochila y pedaleé hasta Burdeos para intentar ponerla en un barco a México. Conocí a un chileno en la calle y le pedí que se llevase mis negativos al consulado para guardarlos a buen recaudo. Accedió”, recordaba en 1975.

Al parecer, después los negativos -no se sabe muy bien cómo- llegaron a manos de un general mexicano, Francisco Aguilar González, embajador de su país en el régimen de Vichy. El general se los llevó consigo a México, donde murió en 1971. Pero la maleta permaneció en el olvido hasta los años 90. Entonces, el director de cine Benjamin Tarver, los heredó de su tía, amiga del general Aguilar.

Tarver se puso en contacto con un profesor estadounidense sobre cómo catalogar el material de la guerra civil que había encontrado -ignorando que se trataba de la mítica maleta-. Cornell pronto supo del hallazgo y, durante años, trató de convencer al cineasta de que lo cediese al ICP. Finalmente, en diciembre de 2007 la maleta llegó a Nueva York. Cornell murió cinco meses después.

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