#Filmoteca #Documental #Periodismo nº 456 #War Photographer (James Nachtwey), de Christian Frei

MG. War Photographer

Aula voladora de Melocotón Grande
#Filmoteca #Documental #Periodismo nº 456

War Photographer (James Nachtwey), de Christian Frei

Suiza, 2001. 95′. Guión de Christian Frei. Música de Eleni Karaindrou, Arvo Pärt y David Darling. Fotografía de Christian Frei, Peter Indergand y Hanna Abu Saada. Reparto: Documentary, James Nachtwey, Christiane Amanpour, Hans-Hermann Klare, Christiane Breustedt, Des Wright y Denis O’Neill. Productora: Christian Frei

«El mayor deseo de cualquier fotógrafo de guerra es quedarse sin trabajo» James Nachtwey

Miembro de la agencia Magnum de 1986 a 2001, en ese año fundó, junto con otros compañeros, la Agencia VII. Sobre él y su obra, versa el filme War Photographer, que fue nominado en 2002 al Oscar al mejor documental y que cuenta los dilemas a los que se enfrentan los que se dedican al periodismo de guerra.La candidatura de Nachtwey fue propuesta por el vicedecano de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Navarra, Jordi Rodríguez Virgili, y se ha impuesto a las del guionista estadounidense Aaron Sorkin, la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (México) y el biólogo y especialista en evolución Francisco Ayala. Al igual que los otros siete premios que concede la Fundación Princesa de Asturias, el galardón, que será entregado durante una ceremonia en el Teatro Campoamor de Oviedo en octubre, está dotado con la reproducción de una escultura diseñada por Joan Miró y 50.000 euros.

War Photographer es único, no tanto porque sea narrativamente perfecto o formalmente brillante —todo eso importa algo menos en este caso—. Lo que fascina, lo que conmueve, es su mensaje, un auténtico canto a la ética. En él cuenta quién es, cómo trabaja y por qué hace lo que hace el fotorreportero de guerra vivo más reconocido: el estadounidense James Nachtwey.

En un momento de la película este gigante —por su obra, y más aún por su humanidad— se confiesa: “Si todos pudieran ver por sí mismos, por lo menos una vez, cómo le deja el fósforo blanco la cara a un niño, el inexpresable dolor que causa un solo disparo, o cómo la esquirla de un obús le arranca la pierna a una persona… Si todos pudieran ver por sí mismos el miedo y el pesar, solo una vez, comprenderían que nada justifica que eso le ocurra a una persona, y mucho menos a miles. Pero no todas las personas pueden ir, y es por eso que van los fotógrafos: para mostrar, para hacer que lo que pasa allí llegue a su fin, para llamar la atención sobre ello. Para crear imágenes poderosas que contrarresten el efecto de los medios de comunicación, y que acaben con la indiferencia. Para protestar, y con esa protesta, hacer que otros también protesten.” Al escuchar decir todo eso una vez más, con su voz serena, con sus pausas como para que todos podamos entender su magnitud y profundidad, confirma que hay seres humanos excepcionales por su generosidad. Y eso  resulta esperanzador.

En una imagen del documental Nachtwey retrata el dolor de una madre en Kosovo. A pesar de que una cercanía física tan grande podría hacer pensar lo contrario, este fotógrafo trabaja con un enorme respeto hacia las víctimas. Son ellas las que le permiten estar ahí, contemplando su desgarro, su sufrimiento, su lucha. Y es que crea con ellas un pacto silencioso, recibe su permiso, porque de alguna forma saben —explica él— que ese extraño que está ahí con su cámara les dará voz.

Ramallah, West Bank, 2000. At the beginning of the second Palestinian uprising, demonstrators hurled Molotovs at Israeli troops.