#Clásicos nº 562 El lector decadente. Varios autores, selección y prefacios de Jaime Rosal y Jacobo Siruela (2017)

MG. lector Decadente

Aula voladora de Melocotón Grande
#Clásicos nº 562

El lector decadente. Varios autores, selección y prefacios de Jaime Rosal y Jacobo Siruela (2017)

Primera edición original en castellano: Ediciones Atlanta. Vilaür, Girona.En cubierta: Invitación a fumar, 1895, Aubrey Beardsley En guardas: Cinesias suplica y Lisístrata se defiende, 1896; Los asesinatos de la calle Morgue y La máscara de la muerte roja, 1894, Aubrey Beardsley. Odilon Redon, Cabeza de mártir en una copa, 1877.Odilon Redon, El aliento guía a las criaturas vivientes, 1882.Dirección y diseño de Jacobo Siruela. De la traducción de Salomé, de Pere Gimferrer, cedida por Penguin Random House Grupo Editorial. De la traducción de La felicidad en el crimen, de Angela Selke y Antonio Barbudo, cedida por Sexto Piso. De la traducción de El club de los hachisinos, de Julia Alquézar, cedida por la editorial Sd. Edicions. Colección Ars brevis. Cartoné. 592 pp. 14 x 22 cm

FRANCIA: Charles Baudelaire Pequeños poemas en prosa (1862) Théophile Gautier El club de los hachisinos (1863) Isidore Ducasse Los cantos de Maldoror, I (1869) Jules Barbey d’Aurevilly La felicidad en el crimen (1874) Jean Richepin La húmeda paja de la mazmorra (1876) Un emperador (1877) Villiers de L’Isle-Adam El convidado de las últimas fiestas (1883) Joris-Karl Huysmans A contrapelo, II y IV (1884) Jean Moréas El lebrel (1886) Marcel Schwob Lucrecio, poeta (1892) Pierre Louÿs Elegías en Mitilene (1894) Léon Bloy La religión del señor Pleur (1895) Stéphane Mallarmé Divagaciones (1897) Octave Mirbeau El Jardín de los Suplicios, 2, V y VI (1899) Jean Lorrain Los agujeros de la máscara (1900)

MG. Beardsley

INGLATERRA: William Beckford Henry Venn Lansdown – Fragmentos de Memorias del difunto William Beckford de Fonthill, Wilts, y Lansdown, Bath (1893) Conde Eric Stanislaus de Stenbock Viola de amor (1894) Max Beerbohm En defensa de la cosmética (1894) Oscar Wilde Prefacio de El retrato de Dorian Gray (1891) Salomé (1894) Aforismos y filosofías de utilidad para los jóvenes (1894) Aubrey Beardsley La historia de Venus y Tannhäuser (1896) Aleister Crowley Absenta: La Diosa Verde (1918)

Los decadentes se oponen tanto a las idealistas premisas del Romanticismo como a los vientos de progreso que trae la Revolución Industrial.

Con la caída de Napoleón III en 1870, Francia vive sumida en un clima de decepción, estancamiento económico y convulsión política. Este sentimiento de frustración social, que afecta notablemente a la literatura del llamado fin de siècle, cristalizó en un movimiento literario que rompió con la tradición del naturalismo para continuar la senda abierta por Baudelaire, primer impulsor de las ideas seminales modernas. Aunque fueron llamados peyorativamente por la crítica de la época los décadents, en realidad son los primeros escritores auténticamente modernos, que se apartaron de los usos literarios del pasado. En 1890, Paul Valéry los definió como unos artistas ultrarrefinados, de vocación minoritaria, que se protegían «contra el asalto de la vulgaridad». Tanto Théophile Gautier como Isidore Ducasse, Barbey d’Aurevilly, Jean Richepin, Villiers de L’Isle-Adam, J.-K. Huysmans, Jean Moréas, Marcel Schwob, Léon Bloy, Pierre Louÿs, Stéphane Mallarmé, Jean Lorrain y Octave Mirbeau, cada uno a su manera, se rebelaron contra las normas sociales burguesas, su vulgar utilitarismo, hipocresía y rancia apetencia de realismo, para reafirmarse en unas pautas estéticas modernas.

Pero si fue París la urbe que inauguró y fecundó esta nueva sensibilidad artística, Londres se sumaría a ella en la última década del siglo XIX, aunque William Beckford ya hubiese anticipado rasgos muy similares a finales del XVIII. Inspirados en al fórmula del art pour l’art, florecieron nuevos modos de expresión artística, capitaneados por Oscar Wilde –y seguidos muy de cerca por Max Beerbohm y Aubrey Beardsley–, que desafiaron las convenciones del gusto y la moral victorianas, y que tendrían su más perfecto colofón a principios del siglo XX en el siempre desmesurado Aleister Crowley. Prologada, seleccionada y anotada por Jaime Rosal y Jacobo Siruela, esta antología presenta por primera vez en nuestra lengua una cuidada recopilación de textos –ilustrados por Odilon Redon y Aubrey Beardsley– que harán las delicias de todo buen lector «decadente».

MG. Salome